Especialistas, organismos públicos y una ONG integrada por personas atravesadas por el suicidio coinciden en una idea tan sencilla de formular como difícil de sostener: preguntar aunque dé miedo, escuchar sin juzgar y no retirar el apoyo cuando la primera crisis parece haber pasado.
Alberto Fernández Mateos, integrante de "Hablemos de Suicidio", llegó a la prevención por una historia personal. En 1991, su madre murió por suicidio. Años después atravesó un período complejo de salud mental, pidió asistencia, hizo terapia, recibió tratamiento psiquiátrico y participó en grupos para quienes estaban en crisis y familiares en duelo. Allí dejó de sentirse un “bicho raro”. Define a la organización como “la otra mirada, la que menos se muestra”.