La Nación, 8 de octubre de 2019
Se llama Titán, pero en la oficina todos los dicen Titi. Llegó hace poco más de un mes al Ministerio Público Tutelar porteño para ocupar un puesto inédito: es el primer perro de terapia para asistencia judicial que acompaña a los niños, niñas y adolescentes que ingresan al edificio, situado en Perú 143, porque tienen que declarar en la sala de entrevistas especializada, más conocida como Cámara Gesell. Son chicos que han sido víctimas de algún delito como grooming, abuso sexual, pornografía infantil, maltrato o lesiones, y están allí porque tienen que revivir, aunque esta vez mediante el relato, esa traumática experiencia.